
Considera sensibilidad real frente a nominal, latitud para altas luces sobre nieve y carácter del grano. Una 100 ISO fina rinde excelente con trípode, mientras una 400 moderna salva viento y trepidación. Lleva color negativo para tolerancia amplia y blanco y negro para control preciso en el cuarto oscuro. Etiqueta cada rollo con notas de ruta y luz dominante; agradecerás esos apuntes al revelar.

En frío extremo, los mecanismos mecánicos suelen vencer a los electrónicos, y una lente con helicoides suavemente engrasados marca la diferencia. Prioriza un cuerpo resistente, medición confiable o un fotómetro independiente robusto. Añade un respaldo minimalista: paños de microfibra, soplador pequeño, filtros básicos y una herramienta multiusos. Todo debe caber accesible con guantes y arnés, sin comprometer equilibrio ni abrigo.

El mejor carrete es el que llega sano al laboratorio. Diseña itinerarios compatibles con tu ritmo, prevé jornadas cortas para aclimatar y define puntos de retirada claros. Lleva mapas offline, baterías de reserva en el pecho, comunicación redundante y margen horario generoso. No persigas la última luz si compromete el descenso. La fotografía gana sentido cuando compartes las copias, no cuando arriesgas de más.